Los años pasan y los cambios asociados a la digitalización no dan tregua.
Tan es así que, mientras hemos estado adaptando nuestros conocimientos a una parte de aquellos cambios, como los derivados de la situación de pandemia que vivimos en el 2020, otros han ido surgiendo y evolucionando sin que hayamos tenido tiempo ni siquiera de haberles podido echar una vistazo. Y esto no para…
Observo que, frente a la estandarización de capacidades a la que un día se llegó para considerar a una sociedad alfabetizada («saber leer y escribir»), el panorama de desarrollo digital y de nuevas habilidades requeridas para sobrevivir en el nuevo contexto está generando grandes asimetrías de alfabetización digital. Y es que es posible que sigamos aprendiendo en el presente con libros (y con ritmos) del pasado, que, aunque esté cercano en muchos aspectos, se está alejando a gran velocidad. La misma velocidad que la de los cambios que todos los días experimentamos en nuestro entorno.
También es posible que estemos prestando mucha atención a progresos puntuales con la confianza de que absorberemos la cultura digital a base de manejar artefactos, en vez de afianzar nuestro comportamiento digital sobre cimientos de conocimientos básicos y comunes. Conocimientos que todavía «no sabemos que no sabemos» o que simplemente todavía no hemos creído necesarios abordar (tomo como ejemplo la lentitud con la que la ciudadanía, en general, está normalizando el uso de los certificados electrónicos que dan acceso a los trámites con las administraciones públicas y a aplicaciones tan sumamente útiles como la «Carpeta ciudadana«; ¿cómo, que todavía no la tienes instalada?).
En ese contexto las personas no podemos tener a los artefactos digitales como único plan de digitalización y debemos abordar el «uso de los artefactos» como un paso más en la alfabetización que los nuevos tiempos nos demandan.
Estoy convencido de que la alfabetización digital de la que hablo debería partir de valores y actitudes que van más allá de la tecnología y más acá de su humanización.
Por todo ello, después de todos estos años de muchos cambios y poca simetría en su asimilación, he decidido emprender el proyecto de EMPLEA2PUNTOCERO, un canal que abrirá su propio espacio de servicios con el objetivo de impulsar la cultura digital en empresas, profesionales y en la ciudadanía en general.
